Así lo entendía Mas Oyama. Y así lo vivimos este sábado 26 de septiembre, con un taller abierto a todo público.
El Kyokushin nació de una inconformidad. Mas Oyama practicó y enseñó karate en una época en la que muchas escuelas pulían katas impecables que nunca se ponían a prueba contra un oponente real. Para él, esa distancia entre lo que se practica y lo que de verdad funciona era el problema central del karate de su tiempo. El Kyokushin fue su respuesta: un estilo de contacto pleno, donde el kumite no es un extra opcional, es la prueba.
En 1969 Oyama organizó el Campeonato Abierto de Karate de Todo Japón, el primer torneo de karate de contacto pleno de la historia. No fue una exhibición: fue su manera de demostrar que una técnica que no resiste el combate real no es una técnica, es una coreografía. De ahí nació después el Campeonato Mundial de Karate de Contacto Pleno, y con él la tradición que hoy se sigue entrenando en cada dojo de I.K.O. Matsushima.
Por eso en el Kyokushin el camino se enseña en tres pasos. Primero el kihon, el alfabeto: los movimientos aislados, repetidos hasta que el cuerpo los memoriza. Después el kata, donde esos movimientos se encadenan en una secuencia con sentido. Y al final el kumite, donde esa secuencia se enfrenta a alguien que no sigue el guion. Es el mismo espíritu detrás del Osu que repetimos en cada clase, y el mismo que empuja a quienes se atreven a intentar el Hyakunin Kumite: el carácter no se demuestra hablando de él, se demuestra en el tatami.
Ese espíritu es justo lo que vamos a vivir este sábado 26 de septiembre. Abrimos el tatami del Kaizen Dojo para un Taller de Kumite abierto a todo público y a todas las escuelas, no solo a nuestros alumnos. Si entrenas karate, kickboxing o cualquier arte de contacto y quieres probarte, este taller es para ti.
Los cupos están limitados por el espacio del tatami. Escríbenos por WhatsApp para reservar tu lugar y te confirmamos los detalles.